¿Usar el papel al hablar en público… o mejor no?

A la hora de realizar una intervención en público, muchas veces nos encontramos con una disyuntiva: ¿Debo o no usar un papel? Y si lo hago… ¿Redacto mi discurso completo? ¿Pareceré poco profesional? ¿Escribo solo palabras clave? ¿Mejor lo improviso todo?

Vayamos por partes. Es verdad que lo ideal sería no depender de un papel. Y es que tener las manos libres posee sus ventajas: te permite dejar todo tu cuerpo a la vista, con lo cual, tu capacidad de comunicación es más amplia. Además, sabemos que las manos tienen un gran potencial para expresar. No utilizar el papel también puede dar a entender que has interiorizado muy bien el tema sobre el que vas a hablar.

Pero memorizarlo todo no es lo más adecuado, sino que lo ideal es hacerlo únicamente con los datos e ideas clave. No tienes que demostrar nada ni hacer un alarde de capacidad neuronal, sino que lo importante es que tengas un mensaje claro y que logres transmitirlo y conectar con tu público. Un papel en las manos no impedirá que alcances este objetivo de forma satisfactoria.

¡No le tengas miedo al papel!

Muchas veces no tenemos todo el tiempo que nos gustaría para aprendernos un discurso, o simplemente nos falta un punto de seguridad para nuestra intervención. En ese caso, no debemos tener miedo de utilizar el papel para que nos aporte esa confianza extra que necesitamos. Solo tenemos que utilizarlo con naturalidad, y no afectará de ninguna manera a nuestro discurso.

De hecho, cuando una persona hace una aparición en público con un papel también está comunicando muchas cosas positivas de manera intrínseca. Por ejemplo, podemos ver que la persona ha realizado una preparación sobre el tema y que es algo importante para él o para ella. También nos dice que quiere ofrecer datos concretos y palabras precisas.

Algunas recomendaciones…

Algunas recomendaciones a la hora de utilizar el papel en un discurso son, en primer lugar, que el papel esté limpio y ordenado, para que de una buena impresión desde fuera. A poder ser, que su tamaño no sea muy amplio (lo ideal es una cuartilla), para que tape lo menos posible el resto del cuerpo y poder aprovechar bien su capacidad comunicativa. El material más recomendado es algo de pasta dura, similar a las tarjetas que utilizan los presentadores de televisión.

Otra sugerencia es que los ensayos sean con el papel, para que se acerquen lo máximo posible a la realidad y así poder practicar cosas como la lectura rápida y natural, el movimiento de las manos, las miradas puntuales al papel para luego volver a dirigirla al público… Hay que prestar atención a no arrugar el papel ni moverlo en exceso, ya que es una expresión de tensión que, además, puede distraer a las personas que están mirando. Para ello, lo mejor es cogerlo solo para mirarlo, y el resto del tiempo soltarlo si es posible o sostenerlo de forma relajada. También debemos tener cuidado con que nuestra letra sea fácilmente legible, ¡no vaya a pasarnos como a Rajoy!

¡Unos grandes referentes de la comunicación!

A lo largo de mi carrera profesional me he encontrado con grandes oradores de los que me he llevado todo tipo de enseñanzas. La primera vez que me acerqué a la duda del papel fue cuando tenía 17 o 18 años y empecé a trabajar en la radio, en Cadena Ser. Ahí tuve dos grandes referentes a los que les tengo infinito cariño.

Por un lado el director de la emisora, José Castrillo, cuyo consejo fue que me escribiera previamente los discursos completos para luego hacer una lectura interpretada.

Del otro lado tenía a Eduardo Barrero, el director de deportes y mi jefe directo, cuyo método era totalmente antagónico. Él me recomendó anotar solo un par de palabras y luego improvisar sobre ese mínimo guión.

También seguía esta línea el periodista deportivo Paco Cañete que, como se oía decir en el mundillo, no se apuntaba ni los titulares de las noticias. La conclusión a la que llegué tras escuchar a estos grandes comunicadores es que, efectivamente, no hay un único método bueno. Solo debes escoger el que te venga mejor, hacerlo tuyo y adaptarlo al momento y a tus propias necesidades.

Un caso emblemático que llamó mi atención es el de Iker Jiménez, que acudió un día a la Universidad de Málaga a grabar un programa de radio en directo, Milenio Tres. Articuló todo su discurso, absolutamente perfecto y lleno de ejemplos, anécdotas, fechas, nombres… sin un solo papel o anotación.

Pero ya que no todos somos Iker, muchas veces debemos hacer uso del papel. ¡Y no pasa nada! No hay verdades absolutas ni métodos mágicos. Simplemente debemos conocer bien herramientas con las que contamos, trabajarlas y no dejar de buscar cuál de ellas te funciona mejor a ti y usarla sin complejos. ¿Qué sueles hacer tú? ¿Tienes algún consejo? ¡Déjamelo en los comentarios!

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